La otitis, la presbiacusia y otras causas de sordera en perros

Las infecciones, traumatismos y enfermedades congénitas están detrás de la sordera canina, una grave limitación para animales capaces de percibir sonidos por encima de los cuarenta mil hercios y a cientos de metros de distancia. Por un lado, una causa frecuente de la pérdida de audición es la otitis, inflamación que se relaciona con la falta de higiene. De ahí la importancia de usar un spray o Solución de limpieza de oidos de perros con regularidad.

Esta infección también se origina en los restos de tierra, espinas y otros cuerpos extraños que pueden acumularse en el canal auditivo del perro. La sudoración excesiva, propia de los meses de verano, tiende a agravar la otitis.

Por su parte, la Pseudomonas y otras bacterias ocasionan irritaciones en el oído medio e interno de esta mascota. Cuando estos patógenos invaden en gran número el conducto auditivo, ocasionan infecciones de gravedad que pueden conducir a la sordera. Asimismo, la meningitis, el moquillo y otros virus pueden derivar en esta discapacidad.

Un porcentaje mínimo de los canes desarrolla sordera por factores hereditarios. En concreto, la pigmentación blanca de ciertas razas aumenta el riesgo de sordera durante el primer mes de vida, como consecuencia de la atrofia de ciertos nervios del oído interno.

Las caídas, golpes y otros traumatismos elevan el riesgo de sordera en perros, con independencia de su edad o raza. Por ejemplo, un impacto lateral puede romper o dañar severamente el tímpano, con el consiguiente deterioro de la audición.

La edad avanzada pasa factura al perro de diversas formas, incluyendo la sordera parcial o completa. La presbiacusia entra en escena durante el último tercio de vida del can, tan progresivamente que el afectado puede adaptarse y contrarrestar el deterioro de este sentido con los restantes. Los pastores australianos y otras razas con una esperanza de vida superior a la media muestran un mayor riesgo de desarrollar la presbiacusia.