La escena es universal: reloj en cuenta regresiva, maletas que parecen pesar el doble de lo que deberían, y esa punzada de ansiedad que empieza a picar justo cuando te acercas al laberinto de accesos al aeropuerto. Has llegado, sí, pero la odisea de tu vehículo acaba de comenzar. Buscar Seguir leyendo