Los fajines o lazadas comunión niñas figuran entre los complementos más buscados en boutiques y tiendas especializadas. Esta banda o ceñidor con remate de lazo confiere un aire solemne, elegante y ceremonial a cualquier vestido. Se comercializa en multitud de telas, lo que garantiza su plena conformidad con el gusto del cliente.
De seda, organza, tul, gasa, terciopelo, etcétera: el catálogo de tejidos usados para elaborar lazadas es amplio. Informarse sobre sus particularidades es fundamental a la hora de elegirlos. Los ejemplares de lino, por ejemplo, se distinguen por su transpirabilidad y suavidad, cualidades muy necesarias en la época en que suelen oficiarse las primeras comuniones, entre abril y mayo. La fibra obtenida del Linum usitatissimum también es compatible con las pieles más sensibles y tendentes a irritarse.
Las lazadas de tul presentan una estructura vaporosa y reticular, con fuerza suficiente para ceñir el vestido sin aumentar su peso. Su apariencia transparente proporciona efectos visuales de gran atractivo, y su ligereza permite llevarla sin molestias.
Por su parte, la seda es la materia base de algunos de los fajines más demandados del sector. De tacto agradable, el preciado usufructo de los gusanos de la seda posee una apariencia brillante y una resistencia óptima. Es relativamente fácil preservarlo de la suciedad, y sus propiedades absorbentes de la humedad son comparables al lino.
Un derivado de la seda, popular en la indumentaria de comuniones, es la gasa. Se caracteriza por su transparencia, suavidad y finura, con una caída ligera que acrecienta la imagen delicada y femenina de su portadora.
Otra de las telas más finas es la organza, que se diferencia de las anteriores en una mayor rigidez, capaz de mantener su forma y estructura con facilidad. Igualmente, el terciopelo es una elección habitual en las lazadas y otros complementos para ceremonias de comunión.