La cifra de robos y desapariciones de perros crece a un ritmo alarmante en España. El bulldog francés, el yorkshire terrier y el labrador retriever son las razas más afectadas, de acuerdo con la Asociación Española de Criadores de Perros de Raza. Dado el valor que alcanzan determinados ejemplares, su pérdida supone no solo un revés emocional, sino también económico, especialmente cuando se carece de un seguro para perros adeslas.
Cuando el pedigrí entra en juego, asegurar a la mascota es una necesidad en toda regla. Este tipo de pólizas cubre gastos como el tratamiento y las urgencias veterinarias, la defensa jurídica ante multas y denuncias o el alojamiento en residencias caninas. Y en muchos casos, también incluye la asistencia en caso de robo o desaparición, una cobertura bastante desconocida.
Al producirse la pérdida o sustracción de un perro, es responsabilidad del propietario informar a las autoridades, poniendo así en marcha un proceso largo y costoso que no siempre culmina con la recuperación del animal. La distribución de la publicidad impresa, los incentivos a la colaboración de terceros (recompensas) y otros costes recaen íntegramente sobre el dueño de la mascota, salvo que hubiera tomado la precaución de contratar un seguro específico.
Cada vez más compañías aseguradoras brindan protección en el supuesto de que la mascota sea víctima de un robo. De este modo, asumen el precio de compra de la mascota o su valor de mercado (si no se dispone de recibo o factura de compra) en caso de producirse esta eventualidad.
Por tanto, limitarse a contratar una póliza de responsabilidad civil conlleva un riesgo elevado, tanto para el dueño como para su peludo compañero. Las amenazas de robo y desaparición no están cubiertas en seguros estándar, más orientados a cumplir con la Ley de Bienestar Animal que a garantizar la protección del animal en cualquier escenario.