Hay algo especial en esperar en el puerto de Sanxenxo para embarcar rumbo a la Illa de Ons. Incluso antes de que el barco suelte amarras, ya se siente una mezcla de anticipación y escapada. Estás dejando atrás el conocido bullicio turístico de Sanxenxo, sus playas urbanas y su animado paseo marítimo, para adentrarte en un espacio diferente, un territorio protegido dentro del Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia. Con el billete en la mano, viendo la fila de personas con sus mochilas y sus ganas de isla, la emoción de la aventura siempre está presente.
Una vez que accedes al barco, la primera decisión suele ser dónde colocarse. Personalmente, siempre que el tiempo lo permite, busco un sitio en la cubierta exterior. Me encanta sentir la brisa marina en la cara y tener una vista panorámica. Escuchar el rugido del motor al arrancar, ver cómo la tripulación recoge las amarras y cómo el barco se separa lentamente del muelle de Sanxenxo, dejando atrás el puerto deportivo y los edificios costeros, marca el inicio real de la desconexión.
La travesía desde Sanxenxo hasta Ons dura aproximadamente unos 40-50 minutos, un tiempo perfecto para disfrutar del paisaje marino de la Ría de Pontevedra. El barco avanza a buen ritmo, dejando una estela blanca sobre el azul intenso del agua. Es un placer observar las bateas de mejillones que salpican la ría, ver pasar otros barcos –desde pequeñas embarcaciones de pesca hasta veleros– y seguir con la mirada el vuelo de las gaviotas que a menudo escoltan al ferry. El aire huele a salitre, el sol (si tienes suerte) calienta la piel y el constante vaivén del barco tiene un efecto casi hipnótico. Es un momento para relajarse y simplemente mirar el mar, olvidando las prisas del día a día.
Y entonces, gradualmente, la silueta de Ons empieza a dibujarse en el horizonte. Al principio es solo un perfil lejano, pero a medida que el barco se acerca, la isla revela sus detalles: sus costas rocosas, la vegetación verde que cubre sus colinas, el blanco del faro en lo alto, las casas agrupadas cerca del muelle y las playas que empiezan a distinguirse. La sensación de estar llegando a un lugar más salvaje y natural se intensifica, y la emoción por desembarcar y empezar a explorar crece a cada minuto.
Finalmente, el barco reduce la velocidad y realiza las maniobras de atraque en el pequeño y acogedor muelle de Ons. El viaje ha llegado a su fin. Al poner pie en tierra firme, el contraste con Sanxenxo es inmediato: el aire parece más limpio, los sonidos son diferentes –predominan las olas, las aves y las voces de la gente local– y el ritmo se siente más pausado. La travesía en barco isla de ons desde Sanxenxo no es solo un traslado, es una transición perfecta hacia la tranquilidad y la belleza única que ofrece la Illa de Ons. ¡Ahora sí, que comience la aventura isleña!